jueves, 30 de julio de 2015

Julls llega Antes Del Anochecer...

NOTA DEL AUTOR: El siguiente es un manuscrito inédito del primer capítulo de Antes del Anochecer contado a través del punto de vista de Jullius Startclyde. Este capítulo presenta, de manera inmediata, los eventos ocurridos tras el Prólogo de Lunas Caídas. No es necesario haberse leído Lunas parta leerse el capítulo de Julls, pero si es más recomendable.


Estocolmo, Suecia. Diciembre de 1812.

  En medio del salón y el baile, las risas y la música; Jullius Startclyde recorría la galería con la vista puesta en las hermosas jóvenes que le dedicaban sonrisas inocentes y miradas seductoras; algunas con rostros delicados, ojos grandes e irises claros, dientes blancos y cabelleras largas o recogidas en hermosos y elevados tocados, incluso las menos favorecidas de belleza lo miraban con lujuria. Pero no debía corresponderles.
  «Eres un hombre comprometido ahora», se dijo.
  Sintió la necesidad de un poco de vino. Cuando ladeo la cabeza en busca de aquel liquido alivioso, visualizo a su amigo apoyado en el balcón con la mirada hacia abajo, donde la música solazaba cada rincón del castillo Wolfgang y la danza abundaba en medio del salón.
  —Ben Holbrooke —dijo cuando llego a su lado.
  Ben tenía el ceño fruncido, y ni se inmuto al verlo.
  —Jullius —dijo, fríamente.
  —No os he visto desde el invierno pasado.
  —Sí. —Ben le dedico una muy breve mirada y luego la llevo hacía abajo, en medio del salón, y luego agrego—: He pasado los últimos meses con mi anciana tía, Marcy, en Cambridge; ha estado muy enferma últimamente. No quiero dejarla sola. Es el único miembro vivo de mi familia. Ella y yo somos los últimos Holbrooke. Marcy ha sido como una madre para mí, no quiero que deje este mundo sin tener a su lado a su único pariente.
  —Pero aquí estas —Profirió Julls—. Eso quiere decir que está mejor.
  —Eso quiere decir que debo volver pronto —dijo Ben—. La tía Marcy me insistió en que debía venir, ella y lord Wolfgang siempre fueron muy buenos amigos. Nunca se perdía ninguna de las celebraciones de Wolfgang. Vine en su nombre.
  —¿Por ella o por la única hija de Lord Treddaway?
  Julls llevo la mirada hacia Margarette que danzaba de un lado a otro con Tiberius Wolfgang, el primogénito del Lord del castillo. Ben frunció aún más el ceño. Salto a la vista el cólera lo consumía. No llego a responder.
  —¿Y vos? —Pregunto Ben—. ¿Cómo van los preparativos para vuestra boda con Lilyan?
  —Lily está muy feliz. —Julls forzó una sonrisa.
  —¿Vos no?
  «¡Claro que sí!», pensó con falsa emoción. Tenía aprecio por Lilyan Grayson-Chains, la clase de apreció que siente un hombre por la mujer que le entrego su virginidad. Pero “Amarla” era una palabra muy grande para llamarle a sus sentimientos por Lilyan. «Es por obligación —pensó—, pura obligación… y por culpa». Julls se escabullía noche, tras noche, tras noche, a la habitación de Lilyan. Pero una de las servidumbres lo pilló y fue a por el Señor Grayson-Chains, quien seguido puso fecha para la boda.
  —Feliz como una lombriz —sonrió.
  —¿Por fin una dama atrapa el corazón del intrépido Jullius Startclyde? —Bromeo Ben—. Lo cierto es que no tienes por qué preocuparos de que la novia sea virgen. —le guiño el ojo.
  Julls apretó los dientes, aquel comentario no le dio gracia.
  —Después de nuestra boda —prosiguió Julls—, Lilyan y yo planeamos adoptar a Liam, el pequeño hijo de mi hermana Jane.
  Julls tiene ocho hermanos y una sola hermana, Jane. Pero Jane había quedado en cinta tras su boda con Charles Reedstter, y a la hora del parto hubo complicaciones. Las parteras pudieron salvar al pequeño, pero Jane pereció antes de escuchar a su hijito llorar. Charles no acepto a su propio hijo, llamaba al inocente “Asesino”. «Maldito Reedstter», pensó Julls. Así que Charles se lo entrego al tío Edmind, un historiador de la Comunidad Mágica y hermano menor de su padre.
  Pero Alyn Wolfgang, esposa de Edmind, tampoco quiere aceptar al pequeño en su casa. Dice que éste puede traer mal augurio a sus futuros embarazos. Ya hace un año que sucedió la trágica muerte de Jane y el pequeño Liam fue entregado a Edmind, y desde entonces Alyn no ha logrado quedar en cinta, y le echa la culpa al pequeño.
  —Lamento lo de Jane —dijo Ben, con pesar—. Era hermosa, y gentil… la recuerdo muy bien de niña.
  —Así era —suspiro Julls—. Siempre tuve la esperanza de que formaras parte de los Startclyde a través de Jane. Pero a mala hora Naegell Startclyde, mi padre, decidió comprometer a su única hija con un Reedstter.
  —¿Qué hay de vuestro hermano Nail? —pregunto Ben.
  —Nail siempre fue un aventurero —dijo Julls—. Mi padre tiene la esperanza de que algún día abandone su profesión de Caza Ferirs para sentar cabeza y tomar su lugar como el primogénito de Naegell Startclyde. Yo dudo que algún día lo haga. Ya conoces a Nail.
  La música que emitía la flauta le encantaba a Julls, tanto que quería bailar, pero si tomaba alguna joven para danzar a su ritmo, eso llegaría a oídos de su prometida… y peor, a los de su padre.
  Entonces se escucharon las risas más fuertes. Ben y Julls se volvieron para mirar el origen, y ahí seguían Margarette y Tiberius. Wolfgang danzaba con Margarette con tanta energía por todo el salón, y a ella parecía gustarle. Los presentes abrieron paso para observarlos y aplaudirles. Aun lado estaba Ronald Wolfgang, riendo a carcajadas con una copa de vino en la mano, a su lado estaban algunos hombres que Julls desconocía. Margarette y Tiberius seguían bailando, bailando, bailando.
  Julls llevo la mirada hacía su amigo Ben, que estaba a color de hormiga, silencioso y enfurecido.
  —Debisteis pedir su mano a Jhon Peter —le dijo Julls—. Sabes que Lord Treddaway os tiene afecto. No se negaría. Incluso, sería un honor que el poderoso Ben Holbrooke le pidiera la mano de su única hija.
  —Sí —contesto Ben—. Me he tardado demasiado. Pero ahora debo estar con Marcy. Le prometí a mi tía estar con ella hasta el último momento.
  —Tu tía entenderá.
  Ben lo observaba con ojos inquietos.
  —Margarette y yo decidimos esperar un poco más —dijo—. Lord Treddaway me considera un hijo, como un hermano más para Margarette. Cree que seré yo quien le consiga un buen hombre a su hija. Nunca ha sopesado la posibilidad de que yo pueda ser ese hombre.
  —Margarette ya tiene dos hermanos —«Pero que tonto eres, amigo mío», puso una mano en el hombro de Ben, mientras este se volvía para seguir mirado con recelo a Tiberius—. Con dos hermanos es suficiente. Margarette te ama.
  Ben parpadeo varias veces, Julls noto que algo lo perturbaba. Quizás era tiempo de dejar ese tema a un lado. Una vez más, la mujer que cantaba junto a los músicos, entonó Jacobo el Triste. Era la segunda vez que cantaba aquella canción en lo que va de velada. Julls tuvo frío cuando escucho las primeras estrofas de la canción.

Tuve un amigo llamado Jacobo. Siempre triste Jacobo estaba. Jacobo ¿Por qué siempre estáis tristes?, pregunte. Él solo se echó a llorar y me confeso su temor. Jacobo el Triste llora, llora, llora…

  Julls siguió el ruido de las carcajadas de Lord Wolfgang por encima de la canción. Hace un momento había jurado que eran cuatro hombres elegantes los que estaban junto a él, pero ahora solo eran dos de ellos. Julls buscó a los otros dos. Recorrió con la mirada a cada invitado en medio del salón; a cada uno de los que estaban en la galería, o bajo de ella en el lado contrario. Ben estaba más distraído mirando a Margarette riendo por lo que fuera que le dijera Tiberius, como para notar la preocupación de Julls, si se le pudiera llamar “preocupación”.

Jacobo el Triste tenía miedo, miedo, miedo. Eso me confeso él entre llanto, tanto miedo tenía a la muerte. Jacobo el Triste lloraba por miedo a la muerte, muerte, muerte...

  Los encontró a un lado de los toneles de vino, al fondo, en medio de una penumbra. Uno era alto y delgaducho, pero con brazos fuertes, y él otro, era bajo y corpulento, aún más musculoso que su compañero. Cabellos negros como el carbón ambos poseían, y rostros pálidos y tétricos, como muertos. Julls sopeso la posibilidad…
  «Nigromantes.»
  Y aquello hombres no estaban solos. Había un tercero, de estatura media en comparación a los otros dos, todos vestían de negro, todos eran pálidos de rostro tan cano y sin rubor, con ojos tan sombríos y labios gruesos. Pero en la forma en que el tercero le hablaba a los otros dos, Julls dedujo, que ese era su amo, o por lo menos un segundo al mando.
  
 Lee el capítulo completo, aquí abajo, a través de Wattpad.


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